Éste es un colectivo que se ha nutrido, y que se sigue nutriendo, del compromiso y del esfuerzo de un puñado de hombres y mujeres que se han permitido vivir una experiencia solidaria y que han puesto su mejor esfuerzo en la tarea de ayudar a construir el país que los colombianos merecen y al cual tienen derecho.
Son un homenaje vivo y permanente a todos aquellos colombianos y colombianas que con su hacer cotidiano han reivindicado la dignidad humana; por ello se ha asumido, como vocación y como misión de vida, el arte de unir los esfuerzos de niños y niñas, de jóvenes y adultos, de los de aquí y los de más allá, para romper el mutismo y el silencio, para materializarlos sueños y para comprometerse con la tarea alucinada de arquitecturar confianzas.
Son un guiño tierno y pleno a la memoria y ello los ha llevado a animar un proceso permanente de formación y de actuación que ha hecho del arte y la cultura potentes antídotos contra el olvido, rutas ricas y plenas para encontrarse con y en lo humano, vehículos fundamentales para generar diálogos sensitivos, y lenguajes vitales para recordar y otorgar sentido a las historias que habitan a todos.
Son una opción de vida, un compromiso con la alegría y un sueño compartido por un sinnúmero de niñas, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, mujeres y hombres, que abren su corazón y su casa cada vez que tocan a la puerta con su morral y sus programas de teatro, de títeres, de danza, de música y narración oral, y cuando los convidamos a los festivales y a los encuentros artísticos con los que renuevan los vínculos que mantienen unidas las comunidades.
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